miércoles, 15 de septiembre de 2010

Poesía sucia II


Encerrémonos en un pequeño cuarto y encendamos cientos de cigarrillos, hasta que el celeste y el marrón de nuestros ojos se vuelvan rojos...
Bebamos todo el alcohol del mundo hasta que nuestros vasos se erosionen sin que lleguemos a marearnos...
Prendamos fuego las plazas y los parques con libros de autoayuda...
Dejemos con la duda al psicólogo, al médico y al policía de saber quienes son los más sanos...


Ya no vas a tener que esconderte para que puedan verte en todos lados...
Ya no vas a querer gritar a solas con tu libertad esperando que tu mente te dibuje las persianas...
Ya no vas a preocuparte por aquellos que corrigen tu futuro, sometiéndote a leer a cualquiera, menos a mí, en tus mañanas...
Ya no vas a soñar de pie que estamos acostados...


Que se pudran todas las manzanas,
que se quemen todos los destinos escritos,
que se mueran todos los perros domesticados,
pero que nunca, pero nunca, se vayan esas ganas de cagarnos a tiros...

domingo, 12 de septiembre de 2010

Alucinando fuego...

Empiezo por el pelo, continuo dibujando la cara, siempre uno empieza por lo que menos le cuesta, lo que más recuerda, le hago los ojos, la nariz, la boca, me detengo un rato ahí y le doy un beso, todavía no le doy vida, por lo tanto los ojos permanecen abiertos, a medida que la imagino mis manos se mueven solas, no se quieren detener… En el cuello debo admitir que también me colgué, respire, mordí, besé, me perdí… Mis manos dejaron de dibujar, ¿Qué pasó? Aaah, claro, dibujaron sus pechos, les ordeno que continúen, mientras tanto también la beso ahí, mis manos se mueren de celos y dibujan con bronca, ¡por suerte! Cuando la ira acude al arte es imposible que surja algo feo. Su silueta es increíble, única… Estoy agachado, besando su panza, las manos procedieron con las piernas, anterior a eso se habían perdido en su cola, la hicieron exacta, será porque la conocían más que yo… Las piernas, ¡por Dios, las piernas! Que excelente trabajo que hacen ahí, ya casi está terminada… ¡Al fin los pies! Está ahí, estática en mi cocina, le doy el último sorbo a mi vaso antes de despertarla… Me meto en ella como nunca antes, controlando la ansiedad y la desesperación, sus ojos se cierran…

Lo hacemos sobre la mesada, contra la heladera, en el suelo, en la ventana, sus manos se pierden en el vidrio, es magnífico… Acabamos en el piso y al rato se levanta, entra en mi cuarto, escucho una melodía conocida, es “El Polaco”, suena el “Malevaje” en toda la casa, la veo a ella apoyada en el marco de la puerta, de brazos cruzados y sobrando con su mirada, sigue desnuda…

A bailar entonces… Jamás hubiese pensado que lo haría tan bien, ella ni hablar, ¡parecía volar en un momento! Como un ángel que se lanzó del cielo o un demonio que voló hasta el suelo, ya ni sé lo que es…

Lo hacemos una vez más, esta vez en la cama, al terminar enciende un cigarrillo, un par de cecas y me lo da, me lo fumo todo yo, por ahí las adicciones me hacen ser descortés, se ríe de mí, yo también me río…

Me despierto tosiendo, hay mucho humo, no veo nada, ¡ni siquiera a ella! Corro en busca de aire, veo fuego, es mi cama en llamas, voy en busca del matafuego en el pasillo del edificio, no está, ¡se lo robaron los hijos de puta! Vuelvo y lo apago con un balde de agua. Es un desastre, perdí todo, que es la cama y un mazo de cartas españolas… Me pregunto que pudo haber pasado, me pregunto porque desperté en el piso de la cocina, ¡me pregunto dónde está ella! Me preparo otro Fernet y me echo en el piso, al terminarlo miro hacia arriba, me quedo así un rato largo, pensando otra vez… Dejo el vaso en el suelo y al instante me duermo…

Empiezo por el pelo, continuo dibujando la cara, siempre uno empieza por lo que menos le cuesta, lo que más recuerda…

viernes, 10 de septiembre de 2010

Poesía sucia I


¿Pueden desconectar el teléfono?
¡Siento mis neuronas como astillas!
Cuando recobre mis energías voy a salir corriendo hacia tu casa...
Me olvido el nombre de algún artista llenando una base de datos, creo que por un rato voy a colgar mis ojos en la avenida...

Puedo hasta decidir cuando quiero que pases,
y a su vez elegir que ropa quiero que uses.
Sin que vos te des cuenta tengo el control absoluto...

¿Te imaginarás caminando hacia algún lado conmigo?
¿Te imaginarás que sigo tus pasos en todo momento?
En todo caso, ¿te imaginarás que de este lado del vidrio hay seres vivos?

Trato de esquivar mi reflejo y no perderte de vista,
te sigo hasta la colina donde cruzas las vías hasta que el celoso del Sol me encandila,
una lupa le da fuerzas a un rayo para quemar los besos que te tiro desde acá...

Es curioso como la gente confía en mi traje,
mis cordiales palabras y mi mirada segura,
no saben que estoy más loco que el mendigo que escondió una petaca de Whisky en su deteriorada campera...

Ya no soporto ver mi corbata colgando sobre mi pecho,
aferrada a mi cuello como la correa de un perro que se escapó de su dueño, como una soga de "cowboy" que atrapó a un toro enardecido, un "cowboy" gordo y canoso.
A veces tengo ganas de atarla a una nube y dejarme caer... Y dejarte correr...

Debí haber huido cuando me rozó la lluvia,
pero me alcanzaron las piedras y ahora estoy tendido en la calle...