jueves, 18 de noviembre de 2010

Estrella Fugaz


Guillermo se convirtió de la noche a la mañana en el actor más solicitado del país, no tardó demasiado en ocupar papeles secundarios en Hollywood, destacándose entre los protagonistas por su gran capacidad, su talento fue reconocido en más de una ocasión y en poco tiempo se hizo acreedor de premios muy importantes. Así como llegó la fama, llegaron los escándalos. Bebidas, drogas y mujeres fértiles, fueron su karma gracias a los periodistas. Perdió papeles importantes gracias a los críticos que se dedicaron a perjudicar su carrera con historias exageradas de su vida diaria. Su odio público hacia la industria contribuyó para fundamentar a los que realizaban los contratos y se vio obligado a elaborar personajes intrascendentes.

Un viernes por la noche, luego de un par de vasos de whisky, Bill, así es como lo llamaban sus amigos, se presentó en un programa de televisión que transmitía un canal cultural, se llamaba “Estrella fugaz”, y citaban a grandes artistas que arañaron el “sueño americano” y los dejaban hablar acerca de su carrera, colocando al actor en una posición sumisa a las preguntas intimidantes de los conductores, convirtiendo al programa en una especie de confesionario. El show se había convertido en un éxito debido a los escándalos que desataron algunas estrellas de rock años anteriores, para Guillermo Grossi era su oportunidad para callar el ruido que había en el ambiente. Llegó tarde, debido a un problema con el taxi, pidió disculpas y comenzó la transmisión. Luego de una larga discusión con los conductores y panelistas, acerca de sus hijos no reconocidos en ciertas localidades que jamás había visitado, Guillermo aprovechó para hablar de su nueva película que estaba rodando en Francia con un joven y escandaloso director llamado Gaspar LaPadite, que había llamado la atención con un documental acerca de las relaciones amorosas de su último presidente. El show concluyó con segmentos donde contestaba preguntas de la audiencia y algún que otro juego idiota para dejar al invitado en ridículo, sumiso a cada palabra que predispuso el productor en el contrato.

Se dirigió a un bar con gente de su ambiente, personas con las que tal vez alguna vez compartió un plató. Bebieron algunas botellas de vino, y se largó del lugar, se había cansado de la gente que se acercaba para sacarse una foto con sus celulares, admiradores, personas que sabían reconocer una verdadera obra de arte. A pesar de todo, Guillermo tenía sus seguidores que lo catalogaban como uno de los actores de culto del momento, uno de los pocos que había en el mundo, y era cierto, sus interpretaciones eran sensacionales.

Llegó a su hotel, donde lo esperaba su novia, una mujer que como artista plástica, era muy buena diseñadora de moda. Tuvo una discusión con el recepcionista debido al estado en el que entró al hospedaje. Subió las escaleras acompañado de un maletero, tenía miedo de los ascensores, en realidad era claustrofóbico. Le dio 50 pesos al empleado y lo empujó con fuerza, el chico se alejó a las puteadas, no se entendió bien lo que dijo. Abrió la puerta y la encontró a Jimena con otro tipo, el cual disfrutaba de como ella le daba placer oral. El joven se vio asustado y la obligó a detenerse, ella miró de reojo adonde estaba Guillermo y sonrió. Los puños duros del cornudo temblaron por unos segundos y sus labios se apretaron con la misma intensidad, acompañados de un ceño fruncido que le indicaron al imprudente que estaba en serios problemas.

¿Por qué se detienen? Sigan en lo que estaban… - Dijo el actor.

Señor, le…

¡SEÑOR LAS PELOTAS! – Lo interrumpió…

Les ordeno que continúen con lo que venían haciendo…

El joven había comenzado a temblar del miedo que recorrió cada parte de su cuerpo, dejando escapar el sudor como una multitud que huye del peligro que la acecha. Su miembro continuó tieso gracias a las drogas. Bill se desnudó y la penetró por donde corresponde que las cosas salgan, ella gritó y continuó expresando palabras tan sucias como ella. Al rato, el joven se vio abstraído de todo y comenzó a gozar de tal situación, hasta que Guillermo lo durmió de una trompada en el momento que estaba teniendo un orgasmo, se dio cuenta que una persona en pleno clímax es tan vulnerable como una abeja perdiendo su aguijón. A ella eso la excitó y aturdió a todas las habitaciones con sus gritos. Guillermo abrió los ojos un segundo y los dirigió hacia a un costado, donde se encontraba su verdadera amante, una pistola de 9 mm negra, la sacó sin que ella se diera cuenta y la posó sobre su espalda, el frió de su arma automáticamente le borró la sonrisa a Jimena y le robó una lagrima que se mezcló con la transpiración, sabía lo que sucedía. Llevó el caño a la nuca de ella y unos segundos antes de acabar, disparó. Se alejó de ella y se dirigió hacia donde estaba el hombre noqueado, limpió el arma estirando los puños de la camisa hasta tapar sus manos y la puso entre los dedos del adormecido, alzó la mano ajena que tenía el arma y la llevó a su pecho, su corazón explotó bañando el rostro del sobreviviente con ese hermoso color rojo. Al rato, se rompió la puerta y entraron los uniformados con sus armas paralelas al suelo y sus gritos acobardados.

Hoy se cumplen quince años de mi condena por el asesinato de Guillermo Grossi y Jimena Giovanni, “personajes fundamentales para el ambiente artístico”, así lo informaron los diarios, las mismas personas que sepultaron en reiteradas ocasiones al actor con sus farsas, al día siguiente se alimentaron de su muerte. Mañana me dejan libre, y el mismo miedo que me cubría esa noche en la habitación del hotel, hoy me vuelve a acechar en manos de miles de seguidores de este artista que piden mi cabeza, creyéndome culpable por la muerte de este ídolo que hoy es un héroe nacional.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

El ojo de la cerradura


A esta altura me resulta imposible salir de este pozo, me arrojan sogas para rescatarme y se cortan ni bien intento treparme, las siguen arrojando, pruebo una vez más y vuelvo a caer, resignado, me quedo tirado en el piso. Se oyen truenos a lo lejos, la gente que antes miraba hacia al fondo del agujero ahora mira hacia arriba, preocupada, en unos minutos la tormenta estará sobre todos nosotros, ellos se alejan, se dirigen a sus refugios, donde permanecerán a salvo, calentándose entre ellos en sus habitaciones. Un diluvio impresionante se desata sobre el bosque donde me encuentro, tiemblo de frío y cada tanto toso, el agua comienza a llenar mi fosa, una hora después me encuentro parado para poder respirar, las gotas de lluvia que impactan en el agua me salpican en el rostro, minutos más tarde me veo pataleando para poder alcanzar la superficie, estoy a punto de ahogarme y el final del hoyo se encuentra demasiado lejos todavía…

El agua no cesa, las paredes de mi pozo lucen como chocolate derritiéndose, al mirar hacia arriba las gotas de lluvia se ven como estrellas inquietas, como si yo viajara a la velocidad de la luz. Mi cabeza se asoma en la superficie del verde y brillante césped, alcanzo a tirar unos manotazos hacia el pero es inútil, me resbalo fácilmente, al final me aferro con fuerza al suelo, enterrando mis dedos en el, logro salir de ahí y me acuesto. No puedo mover mis brazos, mucho menos mis piernas, solo me concentro en respirar, cuando de pronto, siento un aliento caliente en mi cara seguido de una caricia húmeda, como el de una lengua, es un perro, negro con algunas manchas blancas en su cara, no sabría identificar la raza, solo noto que luce muy triste. Comienza a ladrar hacía los arboles, donde puedo divisar entre los troncos una luz fluorescente, que prende y apaga como si se tratara de un corto circuito. Me acerco hacia allá, la lluvia se detuvo, a los metros me doy cuenta que el fiel compañero que me guió hacia ahí no estaba conmigo, me doy vuelta y lo veo introducirse en el pozo, inmediatamente corro hacia a él. Al llegar allí me encuentro con el pozo sin agua, donde se puede ver en el fondo huesos de un ser humano, salvo el cráneo, el cráneo es de un animal, como el de un perro… Asustado me alejo de allí rápidamente…

Camino rápido, no corro, es de noche y las nubes todavía no dejan ver la luna. Me tropiezo con un tronco y caigo sobre otro un tanto más grande, el golpe es directo a la cabeza, estoy un poco aturdido y siento como la sangre recorre mi cara, segándome. Me limpio los ojos y me levanto, la luz fluorescente sigue ahí. Ya casi llego, se escuchan niños gritándose entre ellos, como peleando, golpeo la puerta y esta se cae. Lo primero que veo es un hombre sentado en un sillón mirando fijamente hacia una ventana que se encontraba a un costado de la habitación, tiene un control remoto en la mano derecha y se ve de muy mal humor, detrás de él, a mi derecha, unos niños un tanto obesos comen sin parar, trepándose a la mesa peleando por la comida, me llama la atención que tanto el señor como los niños tienen una soga atada a su cuello, dejando colgar un tramo corto de la misma, como si se tratara de una corbata. Los chicos se detienen solo para mirarme, ninguno dice nada, solo mastican. El hombre me mira y me arroja el control remoto al grito de “¡FUERA DE MI CASA!” Me alejo rápido del lugar dando la vuelta a la casa, para continuar por el sendero que desemboca en este hogar, amargo hogar. Al pasar por la ventana lo observo al tipo que continúa con la vista dirigida hacia la ventana, esta vez yo estoy detrás de ella, puedo verlo a los ojos, me muestro completo en la ventana, no parece verme, sonríe…

Se hace difícil caminar con tanto barro por este pequeño camino, por lo que voy con la cabeza gacha para tener más cuidado en donde piso, alzo la mirada un segundo y veo una mujer con un vestido blanco, el final del vestido está manchado con barro, su piel tan pálida como su ropaje y su pelo rubio aun mojado, camina con su cabeza gacha también, pero no creo que por seguridad de sus pasos. Se cae a un charco, al ver que sus intentos en ponerse de pie son inútiles, me acerco para ayudarla y le extiendo una mano, me la corre de un manotazo.

¡No me toques hijo de puta! Puedo sola…

Déjame ayudarte…

No necesito ayuda…

Logro ver que tiene un corte en su pecho que no para de sangrar, unos hermosos ojos, rojos como su herida, irradian tristeza y odio a la vez, se aleja rápido de mí. Entra a la casa donde yo había sido echado, se escucha un grito del hombre seguido de un disparo, no alcanzo a oír lo que dijo. El hombre de la ventana sale de la casa y me mira fijo, algo brilla en su mano derecha, es un revólver, me quedo observándolo hasta que comienza a alzar su mano y me apunta, desaparezco antes de que dispare. Al instante la misma herida de la chica se abre en mi pecho…

Estoy confundido, solo y también con heridas en mi cabeza y mi pecho, el miedo fue reemplazado por la ansiedad, la ansiedad de salir lo antes posible de este lugar. Sigo caminando, ya sin rumbo, deje el camino de barro para perderme entre los árboles, escucho a alguien cantar a lo lejos. La escucho cada vez más cerca a esa increíble voz, desconozco lo que canta pero es muy placentero oírla. Es un viejo, está sentado en lo queda de un árbol que fue cortado por la mano del Hombre, como tantos que se encontraban alrededor de él. Veo que el cantante observa hacia arriba y entre su barba blanca deja ver una sonrisa. Mira a la luna, que se asoma entre las nubes que van desapareciendo, la mira con amor, por lo que interpreto que es a ella a quien le canta. Aparece un tipo vestido de azul por detrás de él y lo golpea con un palo hasta matarlo.

¡¿Por qué hace eso?! - Le grito...

Usted no se meta y siga caminando…

Pero, ¡¿Por qué lo golpea?! ¡¿Qué hizo de malo?!

Cantaba nene, cantaba… Dale, rajá de acá…

Recojo una piedra del piso y se la arrojo con toda mi fuerza, el golpe es directo a la cara, creo que lo maté, eso me pone contento por un rato, pero no puedo dejar de pensar en el pobre hombre que cantaba y la mujer del vestido blanco. Mis manos comienzan a sangrar, no comprendo por qué…

La luna ilumina el extenso bosque y puedo ver donde terminan los arboles, me dirijo hacia allá. Cuando llego a campo abierto, veo un resplandor que se asoma desde el suelo verde que se extiende después del arbolado, al llegar ahí me encuentro parado al borde de un abismo. Muchos metros hacia abajo, se deja ver el resto del monte completamente en llamas, me seco una lágrima y regreso la mirada hacia el oscuro bosque. El hombre de azul con el rostro cubierto de sangre; el viejo, bañado de ese mismo color rojo, acaricia al perro negro que mueve la cola salpicando agua por todos lados; la mujer de blanco con un hueco que sangra en su frente, me sopla un beso que escondía en su mano; el hombre con su revólver plateado; los niños con sus mejillas manchadas de grasa, con pedazos de carne en sus manos, no dejan de comer. Todos me miran, con bronca, con amor o con tristeza, pero todas sus miradas me dicen lo mismo, me invitan a arrojarme desde el barranco, lo supe al instante, por lo que me dejo caer hacia atrás. Estoy cayendo, muy lentamente, el calor de las llamas comienza a sentirse, me doy vuelta en el aire, el fuego me encandila antes de que llegue a rozarlo…

Mateo… ¡Mateo!

La vista comienza a aclararse y me encuentro parado frente al pozo…

Hijo, no te acerques tanto al pozo que podes caerte…

La empujo arrojándola al fondo del hoyo, ella y su insoportable caniche caen rápidamente en el fondo, se escucha un llanto entre las quejas de dolor, no se oye al perro, por lo que creo que murió al instante. Me acuesto en el verde césped con la cabeza al borde del insaciable hueco, la melodía de aquel viejo se me viene al instante y comienzo a cantarla con la luna y las estrellas como mi enardecido público que brillan más que nunca…

Sonrío y cierro los ojos, me imagino sentado en la luna, observando a un niño acostado al borde de un pozo, formando con su cuerpo el ojo de una cerradura en el suelo, espío por el ojo y lo que veo me retuerce el estomago, me hace un nudo en la garganta y me exprime los ojos hasta soltar una lagrima, al alejar la vista de la cerradura, una gota de sangre sale de ella…

Vuelvo a abrir los ojos, sigo tendido en el césped donde se encuentra el pozo donde todavía se siente el llanto de mi madre. La sonrisa se borró junto con la canción…