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Mostrando entradas de febrero, 2011

La culpa es del niño. Parte III. Por Nicotina

Viajar en colectivos urbanos siempre me molestó, y la espera es algo que me resulta insoportable. Soy un fumador impaciente y esperar es más perjudicial que el propio cigarrillo. Cuando solo me queda esperar, puedo fumar uno cada cinco minutos y soy consciente de ello. Son muy pocas las veces que viajo sentado en estos coches, cuando subo siempre se encuentran llenos, pero esta vez no. Subí y me senté en la fila de un solo asiento, al final del colectivo, cosa que no tenga que pedir tantas veces permiso antes de bajarme cuando éste se haya llenado. En las próximas paradas suben estudiantes, laburantes, mujeres con niños y un policía, al cual le toca viajar parado y decide quedarse junto a mí, al final del pasillo, tal vez por la misma razón de no pedir permiso cuando le toque descender. Lo miro a los ojos y el tipo asienta con la cabeza a modo de saludo, yo no respondo, y lo miro con cara de cansado, tal vez ahora con un poco de asco. El frunce el ceño confundido, mal acostumbrado a q…

La culpa es del niño. Parte II Por Netomancia

La noche me encuentra despierto. No es la culpa lo que me persigue, me río de pensar que podría sentir algo parecido. Es aquella imagen, única y reveladora, de aquel estallido. De escudriñar en cada detalle, la morbosidad de la muerte. Sentir como la vida se desarmaba en fragmentos, allí mismo, delante de todos.
Y como si fuera una atracción, la luna me llama al balcón del departamento, ubicado muy cerca de la terminal. A pesar de ser tarde, muchos jóvenes transitan las calles. La mayoría en grupos, pero de vez en cuando veo a jovencitas caminando con paso apurado, quizá temiendo que alguien las tome por sorpresa y las asalte o peor aún, las viole. Calculo en mi mente cuánto esfuerzo demandaría situarse en una esquina oscura, aguardar en la paciente penumbra y salir de la nada, tomar a la presa por el cuello y envolverla con su propio miedo, arrastrarla a la oscuridad y sumirla al olvido. Aquello es una melodía en mi mente, la vibración de una cuerda. Pienso en esa posibilidad y un ard…

La culpa es del niño. Parte I Por Nicotina

Hace media hora que terminamos de comer y yo ya voy por el cuarto vaso de Fernet, si sigo así es muy probable que mi navidad termine en desastre, o mucho peor, terminar siendo el hazmerreir de la fiesta. Me levanto a preparar el quinto y veo que ya son casi las doce, salgo corriendo antes de que mi carroza se convierta en calabaza, bah, en realidad voy a buscar la pirotecnia, estoy muy lejos de ser una Cenicienta… Vuelvo y están todos con las botellas de champagne en la mano, algunos ya descorcharon, otros pelotudos les gusta escuchar el sonido del corcho junto con los estruendos. Tengo todo listo, cuatro cañas voladoras de $ 50 pesos cada una, diez bombas de estruendo de 3 pulgadas y un surtido de pirotecnia para niños, si, para niños, existen juguetes que no son aptos para menores de 5 años, pero tranquilamente a esa edad pueden manipular el fuego. Coloco las cuatro cañas una al lado de la otra y lo dejo a mi viejo que las encienda, yo me encargo de lo más importante. ¡Doce en punto…