sábado, 26 de febrero de 2011

La culpa es del niño. Parte I Por Nicotina

Hace media hora que terminamos de comer y yo ya voy por el cuarto vaso de Fernet, si sigo así es muy probable que mi navidad termine en desastre, o mucho peor, terminar siendo el hazmerreir de la fiesta. Me levanto a preparar el quinto y veo que ya son casi las doce, salgo corriendo antes de que mi carroza se convierta en calabaza, bah, en realidad voy a buscar la pirotecnia, estoy muy lejos de ser una Cenicienta… Vuelvo y están todos con las botellas de champagne en la mano, algunos ya descorcharon, otros pelotudos les gusta escuchar el sonido del corcho junto con los estruendos. Tengo todo listo, cuatro cañas voladoras de $ 50 pesos cada una, diez bombas de estruendo de 3 pulgadas y un surtido de pirotecnia para niños, si, para niños, existen juguetes que no son aptos para menores de 5 años, pero tranquilamente a esa edad pueden manipular el fuego. Coloco las cuatro cañas una al lado de la otra y lo dejo a mi viejo que las encienda, yo me encargo de lo más importante. ¡Doce en punto! Bueno, algunos tenían doce menos dos minutos, para otros ya era casi la una, pero siempre hay un idiota que tiene el reloj a horario según el noticiero, y eso ya es suficiente para que todos los giles digan: “¡El reloj de Cacho es el que está en horario!” Ni siquiera eso pueden hacer sin el consentimiento de la televisión. Además depende del que mira cada uno, porque si miras “TN” son las 12:00 hs, si miras “Crónica” son las 12:03 hs y si miras “C5N” estás mal de la cabeza… Sale volando la primera caña voladora, cinco segundos luego se escucha un coro de idiotas: “Aaaaaaaaaaaahhhhhh… Qué hermoso.” ¡Todavía no vieron nada! Enciendo la primera bomba, despega y explota a 15 metros del suelo, el estruendo es increíble, la gente se empieza alejar… La segunda bomba asusta un poco a los que quedaban, explotó a la mitad de altura que la anterior. Enciendo la tercera y se queda atascada en el mortero. ¡La puta madre! Muy pocos son los que nos damos cuenta, mi hermano no era uno de ellos y no vio que su hijo, mi sobrino, de casi 2 años de edad se alejó de él en dirección al mortero… Ya era tarde… ¡La bomba explota a la altura de su pequeña cabeza! ¡Los gritos desgarrados de todos y el precoz llanto de mi madre, apagaron todos los sonidos de festividad! Todo el mundo temblaba y no sabían qué hacer ante tal desagradable acontecimiento. Había matado al único nieto de la familia. Estaba condenado a una vida de mierda, lo supe al instante…

Es extraño como la vida de alguien puede cambiar tan drásticamente… En un cerrar y abrir de ojos, uno puede quedar en la calle desamparado, sin consuelo o perder la cabeza con una bomba de estruendo…

Siete meses después, estoy viviendo en la ciudad de Córdoba, bancado por mis viejos, no me costó demasiado pedirle que me dejen venir acá, se les hacía muy difícil convivir con un asesino, yo creo… Traje mi guitarra, un televisor, la computadora y una caja con mis libros. Estoy pensando en alguna carrera universitaria. Antes de mi trágico acontecimiento estaba estudiando en el profesorado de música, me di cuenta que iba a relacionarme con muchos pibes, y es algo que no podría soportar, uno nunca sabe en qué momento le puede explotar la cabeza a alguno… Mientras tanto me busco un trabajo. Debido a mi perfil psicológico, no me toman en los lugares que se trabaja con niños, igual sigo insistiendo, necesito la plata, no voy a quedar en la calle por culpa de una manada de pendejos…

To be continued...

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