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Manija

Pensaste que era la soledad, te masturbaste y seguiste manija. Pensaste que eran tus amigos, los puteaste y seguiste manija. Pensaste que era la lluvia, te secaste y seguiste manija. Pensaste que era el país, pediste un cambio y seguiste manija. Pensaste que era el pelo, lo ataste y seguiste manija. Pensaste que era el perro, lo soltaste y seguiste manija. Pensaste que era tu madre, la abrazaste y seguiste manija. Pensaste que era tu padre, lo reemplazaste y seguiste manija. Pensaste que era la bici, la inflaste y seguiste manija. Pensaste que era el globo, lo pinchaste y seguiste manija. Pensaste que era la gente, la escupiste y seguiste manija. Pensaste que eran tus hermanos, los aceptaste y seguiste manija. Pensaste que era la rubia, tomaste negra y seguiste manija. Pensaste que era el sexo, mentiste y seguiste manija. Pensaste que era el cigarrillo, lo encendiste y seguiste manija. Pensaste que era la televisión, la apagaste y seguiste manija. Pensaste que era el camino, lo atravesaste y seguiste…
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Loco Motor

Trenes Te escucho arengar Y no creo más que en trenes
Lo injusto se viste de azul Y tu grito Es el traqueteo orgánico del error de la máquina Que te pensó en engrane Y le jugaste en contra
Pienso en trenes si te veo solo Porque hasta la locomotora errante sin bagaje Siembra el respeto a su paso
Pero también veo a un vagabundo Buscando París en Texas Y muchos hermanos Queriéndote alejar de tu propósito Corriendote de la línea
Pero sos obstinado Cómo tu madre Que forjó tu hierro A su semejanza
En tren se desplaza la orquesta Que reposa en tus hombros Rectos y elegantes Y sumergen notas con golpes cortos En el tibio río de tu filosofía Quisiera incorporar tu teoría De ir contra la corriente Pero siempre para adelante
Forajido de sueño intimidante Te hiciste un corazón gigante Para el refugio tibio de los indecentes

para el Negro dancer

La teoría de la media

¡Basta! Una vez más que te piense O te sueñe Y me voy a ir a vivir a mi cabeza. Ya lo decidí, Doy vuelta la media. Sacrifico mi inestable vida Por la monotonía De tu cuerpo sobre el mío. Me pregunto Si existe una ley que ampare Los cerebros invadidos. Por supuesto que no. Tu conquista es universal. Tu beligerancia, etérea. Manipulaste todos los medios En tu campaña para enamorarme. Como a un político, Veo tu cara donde quiera que vaya… ¡No! ¡No puedo compararte con eso! Perdón. Pero ayudame. Rescatame de esta situación Que no tiene más remedio que tu risa. Alejame de la atrocidad De querer pensarte tanto. ¡No sobreviviría! Las facturas seguirían llegando. Al alquiler lo continuarían cobrando. El propio sistema Se encargaría de eliminarme Antes de que yo a ti. Obviamente. Si yo no pretendo hacerlo. Continuaría insistiendo con la teoría de la media Aún en condición de calle. Hasta que ya no quede Ni inestabilidad Ni monotonía. Ni vos Ni yo Ni este humillante amor mendigado.

La culpa es del niño. Parte V. Por Nicotina

Caminar. Caminar por reflejo es algo que ya dejé de hacer, si bien, ya no cuento mis pasos, ni me concentro en ese monótono proceso de poner un pie delante del otro, si me fijo en lo que me rodea, me concentro en lo que sucede ahí afuera. Mi camino no miente, ya no finjo el trayecto sistematizado que acostumbraba a seguir, lo renuevo cada día. Camino, invento historias, señalo a personas, las identifico, las discrimino en grupos de colores. Como la plaza monocromática, la que se encuentra frente a una iglesia cerca de la casa de un compañero de trabajo. Blanco y negro durante el día, blanco y negro en la noche. Casamientos y funerales, novias y viudas. Hoy domingo me invitó mi amigo a ver el partido de River Plate, asistí para no quedar mal. Perdieron, no fue un buen encuentro, el equipo con el que jugaron de local les dio una buena paliza. Al terminar el partido comemos algo y analizamos el juego mientras hacemos zapping hasta encontrar una buena película. El fernet comienza a desfil…

La culpa es del niño. Parte IV Por Netomancia

La imagen en el espejo es mía, pero tan solo es la forma en la que me ven los demás. Ni el reflejo ni los ojos ajenos pueden invadir mi mente, conocer mis pensamientos, aborrecer mis ideas. Deslizo el peine con cuidado, me tomo mi tiempo.
Luzco bien, recién afeitado. La camisa es sobria y combina con el pantalón. Zapatos elegantes aunque no costosos. Una última mirada. Observo la figura que tengo delante. Excelente. Hoy es el día y todo tiene que ser excelente. Salgo con varios minutos de adelanto, para llegar a horario. Como los días anteriores, le tomo el tiempo a cada cuadra, los minutos que tardo en llegar al trabajo, los pasos que hay desde la puerta hasta la recepción que atiende Analía, los segundos que demoro en cruzar por delante de ella. Asisto a la reunión de cada mañana, río a la par de todos, bebo un café casi tibio en un vaso plástico sin quejarme y recibo la hoja con las direcciones a visitar, para posibles ventas. Me retiro ya con la hoja guardada en la mochila. Paso por …

La culpa es del niño. Parte III. Por Nicotina

Viajar en colectivos urbanos siempre me molestó, y la espera es algo que me resulta insoportable. Soy un fumador impaciente y esperar es más perjudicial que el propio cigarrillo. Cuando solo me queda esperar, puedo fumar uno cada cinco minutos y soy consciente de ello. Son muy pocas las veces que viajo sentado en estos coches, cuando subo siempre se encuentran llenos, pero esta vez no. Subí y me senté en la fila de un solo asiento, al final del colectivo, cosa que no tenga que pedir tantas veces permiso antes de bajarme cuando éste se haya llenado. En las próximas paradas suben estudiantes, laburantes, mujeres con niños y un policía, al cual le toca viajar parado y decide quedarse junto a mí, al final del pasillo, tal vez por la misma razón de no pedir permiso cuando le toque descender. Lo miro a los ojos y el tipo asienta con la cabeza a modo de saludo, yo no respondo, y lo miro con cara de cansado, tal vez ahora con un poco de asco. El frunce el ceño confundido, mal acostumbrado a q…

La culpa es del niño. Parte II Por Netomancia

La noche me encuentra despierto. No es la culpa lo que me persigue, me río de pensar que podría sentir algo parecido. Es aquella imagen, única y reveladora, de aquel estallido. De escudriñar en cada detalle, la morbosidad de la muerte. Sentir como la vida se desarmaba en fragmentos, allí mismo, delante de todos.
Y como si fuera una atracción, la luna me llama al balcón del departamento, ubicado muy cerca de la terminal. A pesar de ser tarde, muchos jóvenes transitan las calles. La mayoría en grupos, pero de vez en cuando veo a jovencitas caminando con paso apurado, quizá temiendo que alguien las tome por sorpresa y las asalte o peor aún, las viole. Calculo en mi mente cuánto esfuerzo demandaría situarse en una esquina oscura, aguardar en la paciente penumbra y salir de la nada, tomar a la presa por el cuello y envolverla con su propio miedo, arrastrarla a la oscuridad y sumirla al olvido. Aquello es una melodía en mi mente, la vibración de una cuerda. Pienso en esa posibilidad y un ard…